Black Girl

Un día, un hombre dejó una caja de perritos recién nacidos frente a una casa, tocó el timbre y se alejó para que el dueño o dueña recogiera a los pequeños perritos, una chica joven salió de la casa, su nombre era Rocío, tenía ojos azules, castaño (casi rubio) y la piel pálida, al ver a los cachorritos ella no reaccionó como la mayoría de las personas, en lugar de cuidarlos, venderlos, o regalarlos, recogió la caja y se la llevó consigo hasta un río, una vez ahí empezó a arrojar a los perritos al río hasta que no quedó ninguno.

Una vez terminó dio una sonrisa y se fue pensando que nadie la había visto… pero ella no sabía que alguien… la vio…

Entre las sombras de los árboles se veía con mucha dificultad una figura. De camino a su casa Rocío notó que alguien la estaba siguiendo, miró hacia atrás, pero no vio a nadie, continuó, sintió la misma sensación y hasta escuchó pasos atrás de ella, se giro y esta vez vio por un segundo a una persona, pero desapareció repentinamente.

Rocío se preguntó si estaba alucinando, pero luego dio una risa burlona y dijo “bah, debe ser por esa película de terror que vi” siguió todo el camino a casa, sintiendo como alguien o algo la seguía y la observaba.

Al llegar a casa se puso a mirar la tele, entonces notó que alguien la observaba por la ventana, la veía por el rabillo del ojo, estaba completamente vestido de negro, no podía ver su rostro, miró velozmente para saber quién era y no vio a nadie, rápidamente se paró y cerró las puertas con llave y aseguró todas las ventanas, ya de noche mientras cenaba con su familia ella comió intranquila por esa sensación de ser observada, cosa que le hizo perder el apetito, subió a su cuarto y se acostó a dormir.

A la mañana siguiente esa sensación continuaba, al salir de la casa y durante todo el trayecto vio a una sombra por el rabillo del ojo, ya sea del lado izquierdo o derecho, la vía siguiéndola y sin importar que tan rápido girara la cabeza esta desaparecía sólo para volver. Una vez en el colegio ella por fin tuvo un respiro de esa incomoda sensación. En lo que duraban las clases, durante la clase de historia, Rocío por aburrimiento miró por la ventana que estaba a su lado… ¡y entonces la vio!

Parecía una chica, usaba lo que parecía un saco negro con mangas largas las cuales cubrían sus manos, unos pantalones ajustados también de color negro, y tenía el pelo corto (también negro), pero lo más raro era su “rostro” no tenía cara ni ningún rasgo facial apreciable, además de tener una piel tan negra como un trozo de carbón. Rocío asustada rápidamente miro a otra parte, volvió a mirar de reojo y seguía ahí, entonces Rocío le pregunto a su compañera de al lado si veía a alguien extraño por la ventana, la chica miró y dijo que no…

Rocío volvió a mirar y la “chica” ya no estaba ocasionalmente Rocío miraba por la ventana, a veces veía a la criatura, y a veces no.

Al terminar el colegio ella salió por el portón principal, y entre los adolescentes y niños del lugar vio a la cosa que la estuvo mirando toda la mañana, pero nadie más parecía verla, Rocío corrió viendo por el rabillo del ojo a la chica de negro siguiéndola, cada vez que se topaba con un policía le pedía ayuda pero estos decían no ver nada, incluso si Rocío miraba y señalaba fijamente a la chica, esta persona o cosa ya ni siquiera se molestaba en ocultarse cuando Rocío giraba la cabeza.

Al llegar a casa Rocío vio una nota sobre la mesa, la nota pertenecía a los padre de Rocío y decía “cariño, hoy llegaremos muy tarde posiblemente después de medianoche” La nota decía más, pero sólo eso bastó para que Rocío cerrara todas las puertas y ventanas. Subió al cuarto de su padre, hurgando dentro de uno de los armarios hasta que sacó un arma y muchas balas.

Rocío pasó la tarde escuchando golpeteos en puertas y ventanas, ella se aferraba a la pistola manteniendo cerca un teléfono siempre a menos de un metro…

Esa tarde a las 5 aproximadamente Rocío sencillamente se quedó dormida por el cansancio, se despertó por un ruido, a las 10:30 de la noche Rocío mientras salía del sueño notó un ruido en su cuarto, miro de reojo y vio a la chica de negro parada al final de la cama, velozmente tomó el arma y le apuntó pero ya no estaba, Rocío pensó que se estaba volviendo loca, fue a lavarse la cara y al mirarse en el espejo vio a la chica, ella se dio velozmente la vuelta pero ya no estaba, fue a su cuarto para buscar su movil, al pasar al lado de la cama vio el movil en el suelo con la pantalla debajo, lo levanto y vio que estaba destrozada, salió del cuarto con el arma en la mano, entró en el cuarto de sus padres y tan pronto como entró vio a la chica sentada en la cama de sus padres, la chica de negro lentamente giro la cabeza hacia Rocío.

Rocío levanto el arma y empezó a disparar, hasta que se le acabaron las balas, se quedó temblando, ¡¡la chica de negro no tenía ni un rasguño y por si fuera poco esta empezó a levantarse y a caminar hacia ella!!

Rocío corrió y mientras bajaba por las escaleras se tropezó, rodó por ellas hasta caer en una alfombra, miro hacia arriba y vio a la chica de negro, observándola, Rocío grito y grito por ayuda, los gritos se escucharon en las casas de los vecinos quienes corrieron a ayudarla, al llegar a la puerta escucharon un aullido de dolor, en ese momento tumbaron la puerta de una patada y al entrar sólo vieron una zona quemada rodeada por un par de piernas y brazos, junto con una nota con el dibujo de una chica de color negro, que decía…

“yo te vi…”

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¿Y mi amiga?

Mi tía vive en los llanos Venezolanos (lugar donde es común escuchar historias de apariciones y brujería); cuando era niña, solía viajar con mis padres a su casa, una típica casa llanera, grande, con corredores espaciosos y un patio enorme como la mayoría, con una pequeña huerta y muchos árboles, incluso mascotas. El patio de mi tía, en particular, tenía muchos árboles de fruta y me encantaba treparme en ellos. Siempre, después del almuerzo, salía a jugar al patio a trepar los árboles y no había un solo día en el que mi tía no me dijera, “No te vayas por el camino de la reja”, antes de que yo saliera a jugar al patio. Se trataba de una vieja reja de varillas de hierro que estaba trancada con cadenas y un candado, y cubierta de ramas de enredaderas y ortigas; no se podía ver al otro lado, apenas se divisaba un caminito empedrado que se perdía a unos metros.

No recuerdo cómo conocí a una pequeña niña con la que entablé una amistad. Todas las tarde solía ir a jugar al patio y a veces la encontraba llorando. Le pedía que jugara conmigo y eso hacíamos, sólo que ella me pedía de favor que no le comentara a nadie que jugábamos juntas, porque según ella, “puede que no nos dejarían jugar más”. No entendía, pero la obedecí, nunca le dije a mi tía o a mi familia que yo jugaba con esa niña.

Algo que me hacía enojar, era que cuando jugaba con la niña ella a veces me insistía con que la acompañara a visitar a sus padres, y me decía que debíamos ir por el camino de la reja. Yo me enojaba y le decía que no porque mi tía me regañaría y que no debía ir por esa reja. Entonces la niña comenzaba a llorar y se iba corriendo por ese dichoso camino y yo enojada regresaba a la casa, hasta el día siguiente cuando volvía a jugar con ella.

En fin, yo crecí y por el trabajo de mis padres dejamos de visitar a mi tía durante años. Pero hace un año, cuando yo tenía diecisiete, volvimos a su casa. En una charla mientras tomábamos el café de la tarde, mi tía sacó un álbum de fotos y me enseñó una de las fotos en las cuales yo estaba trepada en uno de los árboles de su patio. Me sentí feliz de recordar aquellos momentos, pero me dio curiosidad saber qué le había sucedido a mi amiguita de la infancia, entonces se lo pregunté a mi tía.

—Tía… ¿y mi amiga?

Ella, extrañada, me preguntó:

— ¿Cuál amiga?

—La niñita con la que jugaba en tu patio, ¿no la recuerdas? Era una niña delgada y siempre traía un vestido blanco y los cabellos largos sobre su rostro —le expliqué, haciendo ademanes con mis manos y sonriendo, como si fuese la cosa más normal del mundo—. Sí, esa niñita que me invitaba a conocer a sus padres. Ella vivía por la reja que nunca me dejabas cruzar.

Mi tía me miró estupefacta, su criada incluso dejó caer la jarra del café al suelo y salió corriendo hacia la cocina. Todos los demás me miraban fijamente y yo me extrañé. Mi tía sólo respondió:

—Yo nunca he tenido vecinos… y por tu bien espero que nunca hayas cruzado esa reja.

No comenté nada más acerca del tema, pero estaba intrigada por eso que mi tía me había dicho. Esperé que la familia se fuera a sentar a la sala de estar, y cuando estuvieron reunidos allí, muerta de curiosidad, me dirigí al patio y a la reja.

Arranqué algunas hierbas que cubrían la reja y todos mis esfuerzos por abrir el candado fueron en vano. Desesperada y más curiosa que nunca, decidí trepar la reja; claro que terminé toda aruñada por las púas y picada con las plantas de ortigas, pero del otro lado de la reja y satisfecha de ello.

Con un trote recorrí el camino de piedras, que no era tan largo como pensaba, y sólo me llevó a las ruinas de lo que parecía ser una casa. Miré de cerca las paredes y al tocarla mis dedos se mancharon de negro, por lo que deduje que esa casa había sido incinerada.

La luz del día comenzaba a extinguirse y por alguna razón comencé a sentir frío y miedo… y una extraña sensación de que alguien me miraba y que en cualquier momento saltaría sobre mi espalda y me mordería. Me alejé, mirando en todas las direcciones que podía y que la luz de la linterna de mi encendedor iluminaba; pero sólo veía vegetación y las ruinas de la casa.

Sentí mucho miedo y corrí alejándome de aquel lugar, pero el camino de piedras se me hizo tan distante y tan largo, pensé que jamás llegaría a la puerta y no hacía más que girar, porque realmente sentía que había alguien detrás de mí, persiguiéndome. No veía la hora de llegar a la reja y poder saltarla; y cuando al fin llegué a ella, no pude treparla, mis pies me temblaban y me pesaban como si fueran de cemento. Creo que lloraba, no lo recuerdo, pero hice un tremendo esfuerzo y me agarré de lo único de lo que podía sujetarme, los alambres de púas. Mis manos se lastimaron y hasta sangraron, pero no había otro lugar del cual sujetarme para poder salir, la reja estaba oxidada y llena de moho, lo que la hacía resbalosa, y por los costados estaba cubierta de ortigas y eso lastimaría aún más mis manos.

Lo peor era que realmente sentía una presencia detrás de mí, y tenía tanto miedo que no quería mirar siquiera. Bien, ya estando sujeta del alambre logré cruzar la reja, cayendo al otro lado. Corrí hacia el interior de la casa, a la cocina, en donde estaban los criados, y tomé a una de ellas del brazo (la que había dejado caer la jarra del café) y la llevé al patio. Estando allí, le pregunté por la niña, por la casa y por la reja.

La criada me miró con el peor terror en sus ojos, y me contó que antes de que yo naciera, junto a mi tía vivía una familia con una pequeña niña, pero el padre era un alcohólico irresponsable y cuando se embriagaba golpeaba a su esposa y al bebé, y ella escuchaba los gritos. Cierta noche, parece que el padre llegó ebrio y discutieron, y él, enojado y borracho, quemó la casa con su esposa e hija dentro para luego suicidarse.

Desde ese día, no volví a visitar a mi tía, y no creo volver a hacerlo.

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El Primer Día de Trabajo

Te diré que cuando llegue a ese lugar, no imaginé que el dolor pudiera ser tan asfixiante, al punto que mis lágrimas serían evaporadas en mi rostro creando un dolor insoportable en mi piel, que sanaba rápidamente para volver a sentir ese dolor una y otra vez o que mis gritos desesperados serían motivo suficientes para la risa burlesca de muchos seres extraños que se escondían en la oscuridad.

—Señor, ¿a dónde vamos?— dijo muy nervioso el pequeño, mientras caminaba con cautela usando su bastón para no tropezar.

—Sólo te llevo a un lugar más despejado para sentarnos y esperar a tu mamá.

—Gracias por ayudarme.

—Sí, cómo no ayudar a un niño perdido, a parte no hacía algo por alguien hace mucho tiempo ¿deseas que te siga contando la historia, mientras esperamos?

—Sí… — dijo el pequeño niño muy emocionado, mientras trataba de sentarse con cuidado al borde de la acera.

― ¿Cómo se llama este lugar?

―Este lugar es conocido, como el cementerio de la Apacheta.

― ¿Es tan bonito como mi madre me dice?

― En cierta forma no, pero depende mucho de a que llames belleza, Bueno como decía.

―Sí, bueno me gustaría poder verlo. Quiero terminar de escuchar la historia.

Admito yo sí tuve culpa, por llegar a aquel tormentoso lugar por culpa de lo que hice en vida, sí, bueno te contaré que la primera vez, fue un accidente porque yo no quería matar a ese niño, tienes que creerme, fue un accidente; pero la sensación que sentí al hacerlo fue indescriptible, con decir que no pude borrar esas sanción por varias semanas, el recuerdo me consumía día y noche así que tuve que pedir un permiso indefinido del trabajo.

Aunque hice eso, la sanción me consumía día tras día, hora tras hora hasta que encontré aquella tarde el pequeño, estaba perdido, fue por eso que no me fue difícil llevarlo a aquel sótano lugar donde empecé a golpearlo con violencia para luego curarlo y empezar otra vez, hubo momentos en los cuales los gritos desesperado llenaban de frenesí mi sensaciones dibujando en mi rostro una gran sonrisa, hasta que él ya no pudo más…

La sensación del miedo se apoderó de mí rápidamente, haciendo que la desesperación me consuma violentamente, llevándome a pensar en idea incoherente de tratarlo de reanimarlo a pesar de las convulsiones, haciendo mi mayor esfuerzo, a pesar de saber lo profundo que era el corte que le hice en el cuello, aun sabiendo que su final estaba sentenciado, pero aun así trate

de salvarlo pero todo intento fue en vano aun siendo doctor reconocido.

Recuerdo la tranquilidad que obtuve luego de ese hecho, regresé a mi labor de galeno y en ese tiempo salvé muchas vidas, tantas que logré aumentar mi prestigio a nivel regional, muchos lugares solicitaban mi servicios, la dicha y la felicidad empezó a llevar el nombre de mi familia a las más altos niveles sociales; pero no podía olvidar aquella sensación que empezaba a extrañar otra vez, esa que me obligaba a buscar niños en las tardes y desaparecerlos, sí, ya no fue uno, fueron tantos como mi adicción me lo permitió, los policías entraron en desesperación por la cantidad de denuncias de desaparecidos, creo que fue ese por qué tuvieron que pedir ayuda al gobierno, haciendo grandes investigaciones lograron descubrirme obligándome a escapar de aquel lugar hasta llegar a la campiña, lugar donde fui rodeado por una gran multitud.

Una sonrisa se dibujó en mis labios y cogiendo el arma que llevaba en manos, para ponerla en mi boca y luego apretar el gatillo dejando a todos anonadados y con las ganas de atraparme.

― Wow… eres muy bueno contando historias de este tipo. ― dijo el niño, mientras tocaba el piso buscando algo, el bastón.

―Sí, me gustaría poder volverlo hacer.

― ¿De verdad te gustaría hacerlo?

―Sí, extraño esa sensación de estar vivo. ―respondió, mientras se acercaba al niño, poniendo sus manos en su pequeño cuello.

El viento recorría con viva fuerza las tumbas de aquel gran cementerio, creando sonidos escabrosos, esos que al golpear las grandes criptas familiares creaban extraños sonidos que trataban de sofocar el llanto desesperado de una joven mujer que cayó desmayada en el suelo, el llanto hizo que la gente haga un círculo alrededor de ella, sólo para participar como simples observadores de aquella escena desesperada, sin hacer más que susurrar entre ellos.

De entre la gente salió uno de los guardias de seguridad del cementerio en su ayuda.

― ¿Señora? ¿Señora? ¿Se encuentra bien? ― dijo él, mientras trataba de animarla ― ¡¿ALGUIEN SABE QUÉ A OCURRIDO?!

Luego de un silencio total, que era sofocado por aquel extraño silbido del viento, de la muchedumbre salió una señora vestida con ropas coloniales muy poco usuales de la época

― Perdió a su hijo ― respondió está, acercándose un poco más.

La mirada del socorrista se quedó atrapado por la extraña vestimenta de la mujer

― ¿Usted, vio por dónde se fue ese niño?

―Sí, se fue con un señor extraño por los pabellones de aquel lugar ― respondió esta, señalando. Luego de girar hacia donde ella le dijo, regresó la mirada hacia ella .

―Graci… ― no termino el agradecimiento al ver que la señora ya no estaba entre la multitud.

El extraño ruido del intercomunicado sonó cortando el pequeño estado de shock

―Necesito ayuda en la puerta de atrás, cambio.

― ¿Qué ha pasado? (Cambio).

―Encontré a un niño, retorciéndose y gritando desesperadamente en el pabellón de los suicidas, (cambio).

― ¿Dónde es eso? (Cambio).

―Cierto eres nuevo, es el pabellón que está separado a los demás, (cambio).

― ¿Puedes traer al niño? Creo que estoy con la madre (Cambio).

― ¿Dónde están? (Cambio).

―Estamos entre la tumba de la esposa de Francisco Bolognesi y Víctor Apaza, (cambio).

―Afirmativo, (cambio)

Aun sin ayuda el guardia de seguridad reanimó a la joven mujer, para luego calmarla diciendo que el niño había sido encontrado y que ya lo estaban trayendo. Luego de varios un viejo guardia de seguridad trajo al niño en brazos, al verlos la madre corrió hacia ellos y abrazó al pequeño en medio de la lágrimas de felicidad, los guardias de seguridad dibujaron una sonrisa en sus labios.

― ¿Qué paso, porque te demoraste tanto?

― El niño no se dejaba tocar, gritaba desesperadamente.

― ¿Y el señor que estaba con él?

― ¿Cuál señor? Lo vi caminando sólo un rato hasta que se sentó en aquel pabellón.

―Una señora muy extraña me dijo que se fue con alguien.

―No, estaba sólo, aunque es muy extraño que un niño ciego pueda llegar hasta ese lugar.

― ¿Qué? ¿está ciego? ― dijo el joven guardia aún confundido, con todo lo ocurrido.

― Es tu primer día de trabajo ¿no?

―Sí.

―Acostúmbrate, siempre pasan cosas raras en estos lugares ― dijo el viejo guardia mientras se alejaba silbando una extraña melodía.

Creepypasta

El despertar de Loret Blackmen

(Inspirado en un posible hecho real)

La Leyenda: Antes que nada, permítanme contarles la leyenda que ha inspirado este relato. Una leyenda urbana, real, y muy popular en el estado de Baja California sur, México. Una leyenda que posiblemente se convierta en realidad en muy poco tiempo.

–Hace 99 años, un vampiro murió, y fue enterrado como un cristiano cualquiera, pero cuenta la leyenda, que al anochecer del día 12 de enero del año 2006, cuando este ser cumpla 100 años de haber fallecido, resucitará; saldrá de la tumba e iniciara un nuevo reino de terror, y no prevalecerá otra cosa más que la maldad–

El Relato

Enero-11-2006

Encontramos a Marlene, una joven de 23 años, buscando arduamente en Internet, alguna historia paranormal que pueda investigar y publicar en la revista “HistErias Paranormales”, para la cual trabaja, en la editorial “SudCalifornia” en La Paz B.C.S.

¡Por fin! –Exclamó Marlene, con un gesto de alivio en su cara-. Al parecer había encontrado algo muy interesante; su mirada se coloco completamente al frente de su monitor, y leyó detenidamente el siguiente texto:

El despertar de Loret Blackmen está cerca; Enero-12-2006 es la fecha en que este diabólico ser volverá a la vida.

Seguido de la leyenda anteriormente mencionada, e imágenes de “La Purísima”, pueblo donde se encuentra la tumba del supuesto vampiro.

Esto es lo que necesito. –Dijo Marlene- Y además el lugar de los hechos, se encuentra a menos de 3 horas de aquí (La Paz B.C.S) –Decía en su interior mientras una sonrisa se dibuja en su rostro-

Enero-12-2006

Son las 5:15 a.m., vemos claramente un coche blanco, Royal Park para ser más exactos, moviéndose rápidamente sobre una carretera, un tanto descuidada y llena de imperfecciones, claras señales de un mal gobierno desinteresado por la imagen, comodidad y seguridad de su gente. Dentro de este coche, podemos observar a dos personas, el piloto y un acompañante el asiento delantero; un hombre y una mujer respectivamente. La mujer no es nadie más que Marlene, y el piloto es nada más y nada menos que el novio de esta, Javier; quien no permitió que su amada viajará sola a un lugar que no conoce, así que decidió acompañarla.

Mientras el coche sigue avanzando, a escasos tres metros de distancia se observa un letrero que dice ‘Km100’, justamente ahí el coche disminuye su velocidad para finalmente salir de la carretera y adentrarse en un estrecho camino. Este camino tiene una apariencia bastante peculiar, se nota muy descuidado, pareciera que nadie a pasado por el en 50 años. Rocas, piedras, polvo y arbustos, son algunos de los inconvenientes por lo que atraviesa este automóvil que no fue necesariamente diseñado para este tipo de caminos.

6:32 a.m., el coche se detiene, frente a este podemos observar un enorme arco rodeado de plantas secas, sin vida, y sobre el, un letrero hecho sobre una base de madera en el cual apenas se pueden distinguir las siguientes palabras: -Bienvenido a “La Purísima”- . Marlene y Javier, siguen avanzando, atravesando este inexpresivo arco y prácticamente entrando al pueblo.

¿Qué se supone que es esto? –Preguntó Javier, muy desconcertado-

Un Pueblo –Le contestó Marlene, con una expresión de seriedad-

Lo que observaban Marlene y Javier, no era un pueblo cualquiera, a simple vista era un Pueblo Fantasma. No hay gente en sus calles, la fachada de las casas las hace lucir antiguas y abandonadas. El suelo se encuentra tapizado de hojas muertas que dan un toque melancólico y frio al paisaje.

Paran el coche, bajan de él, e inician un recorrido por el lugar, empiezan por la plaza, la cual aun conserva como símbolo característico, una enorme fuente de la cual brotaba el delicioso liquido de un “Ojo de Agua”, adornada por una gran variedad de pedernales, y piedritas de colores que solo en lugares como estos podemos encontrar.

El apacible silencio del instante, fue abruptamente cortado por el estruendoso sonido de una Campana. Su sonido era de tal magnitud, que Marlene no aguantó mucho tiempo, y decidió cubrirse los oídos con sus manos. Cuando el silencio volvió, Marlene y Javier se dirigieron a una pequeña iglesia que se veía a lo lejos, y de la cual venia el fuerte sonido de aquella campana. Entraron lentamente a la pequeña iglesia y lo que observaron a simple vista fue lo siguiente: Primeramente al pie del pulpito se encontraba un sacerdote pidiendo orar por el alma de todos, ante el terrible suceso que posiblemente ocurriera en unas cuantas horas. En la banca de la primera fila (de siete hileras de bancas que la iglesia tiene en total) tenemos a una mujer de edad avanzada, rezando y con un rosario en sus manos, apenas podemos ver su rostro ya que lo tiene cubierto por un velo negro. Tras ella, vemos lo que párese ser una familia, el padre, la madre, y dos pequeños niños. Un poco mas atrás, un hombre y una mujer, de edad madura, y muy atentos a las palabras del sacerdote. Y al final, se encuentra un hombre, de avanzada edad, a primera vista puede resultar un tanto desagradable, ya que su aspecto deja mucho que desear, viste ropa muy sucia.

Pasaron aproximadamente 15 minutos. Todos los presentes se dirigieron al cementerio del pueblo, excepto Marlene, Javier y el sacerdote quienes se quedaron en el lugar hablando acerca de esta leyenda.

Pasaron las horas. 6:00 p.m., todos se encontraban ya en el cementerio.

El sol se ha ocultado, nubes negras cubrieron rápidamente el cielo, y feroces ráfagas de viento azotaron el lugar, la histeria se ha apoderado de todos, se escuchan gritos, se escuchan llantos, pero entre todo eso, se escucha fuertemente una voz que implora a Dios no permita esta atrocidad. El viento ha cesado, la calma inunda el sitio. ¡Gracias dios mío! – Todos dicen- , pero… De entre los majestuosos árboles que rodean el cementerio, se deja venir una parvada de cuervos que atacan a todos los presentes y no se apiadan ni siquiera de loa más pequeños. Marlene se encuentra ahí! Petrificada ante tal atrocidad, parece que nadie ha quedado vivo, ella está inmóvil, a dos metros de la tumba de Loret Blackmen. Pero peor que la masacre de la cual acaba de ser testigo, es lo que está a punto de vivir…

De entre la tierra de la tumba, empieza a salir un mano con enormes garras, pronto podemos ver el brazo entero, inmediatamente vemos el cráneo de este ser, para finalmente salir a flote completamente el putrefacto cuerpo del vampiro. Aún conserva esos enormes ojos, rojos como la sangre, de su mandíbula sobresalen dos enormes colmillos, despide un fétido olor. Y ahí esta Marlene observando a este monstruo, sin poder hacer nada más… Blackmen la observa fijamente, se acerca a ella, la toma entre sus manos y le perfora el cuello con sus enormes colmillos, mientras se alimenta de ella, su cuerpo se regenera de pies a cabeza, Marlene está a punto de desfallecer…

De entre los cadáveres, Javier se levanta… toma una roca y golpea a Blackmen… Loret inmediatamente lo toma por el cuello con su mano izquierda… mientras introduce su mano derecha dentro de su abdomen… para después sacarla bruscamente y esparcir las entrañas por doquier…

Ahí encontramos a Marlene, recostada sobre el suelo, blanca, totalmente pálida, con una expresión de horror en su rostro, muerta…

Javier, entre un enorme charco de sangre, con las vísceras fuera de su cuerpo, y sirviendo de alimento a estos infernales cuervos…

Enero-13-2006

Podemos ver a Loret Blackmen, caminar entre la oscuridad de la noche, entre los árboles que parecen abrirle paso, podemos verle caminar, acompañado de ella, la que ha elegido como compañera para toda la eternidad, con aquella que compartirá su gloria y sangre, Marlene.

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El pájaro rojo

Esta es mi historia… Mi pequeña familia, constituida por mis padres y yo, sufrimos una pérdida muy grande: mi padre falleció. Aquello ocasionó un impacto bastante fuerte en mi madre la cual yo, a duras penas, debía de cuidar. Se encontraba alterada desde aquel incidente y todo el día permanecía en silencio. Lo único que animaba un poco mi hogar era la música variada que yo solía poner. Aquí es donde empieza esta horrorosa anécdota que a duras penas puedo narrar.

Hubo un tiempo en el cual un pájaro realmente necio tocaba a la ventana de mi habitación desde el amanecer hasta unas pocas horas después de este.

El sonido del picoteo, luego de mis largas madrugadas en vela al lado de la PC, para mi ya era acostumbrado escucharlo justo cuando las persianas se miraban blancas reflejando la luz del sol, pero siempre me ponía nervioso… era sumamente irritante.

Muy entretenido leyendo al lado de mi pequeña lámpara, un ruido detuvo momentáneamente mi corazón, el mismo tedioso sonido antes del alba; ese agobiante picoteo en el vidrio que parecía ser interminable. Supuse que era ese maldito pájaro de nuevo, desquiciado tal vez por darse contra el cristal tantas veces… Así que no le di demasiada importancia.

El picoteo del ave no se detenía, me estaba hartando, seriamente me estaba enloqueciendo. Aunado a esto, la PC se congeló de pronto, lo cual aumentó mi histeria y la lamparilla tintineo un par de ocasiones, hizo corto circuito y se apagó dejándome a oscuras apenas pudiendo vislumbrar algo con la luz del monitor.

De pronto, el aleteo del animal cesó. No se percibía más que el silencio profundo de la noche y el roce de las ramas del viejo árbol de mi fallecido padre, mecerse con el viento. Extrañamente mi corazón se comenzó a acelerar, palpitaba cruelmente en contra de mi voluntad.

De fondo pude escuchar de nuevo al pájaro… aquella desgraciada criatura con sus plumas rojas revoloteaba en mi patio. Yo me encontraba ya sentado en mi cama, de lado a la ventana y me entró la curiosidad de ver qué había exactamente afuera, pero antes de eso, me percaté de que las cortinas estaban mojadas de un líquido rojizo algo viscoso. Me acerqué, lo toqué y era sangre. El miedo me invadió el cuerpo, costaba que sucediera aquello, pero así era, parecía una pesadilla muy atroz.

Los ventanales parecían estar resquebrajados y en ese instante no había señal alguna del ave, pero cuando iba a cerrar las cortinas, de repente el pájaro volvió y se azotó contra la ventana explotando. Bañó, por fuera, el cristal, pero esta sangre penetró a la habitación. El fluido parecía cobrar forma, eran como garabatos y se podía leer:

“Ya vienen.”

Para ese momento, mi cuerpo no dejaba de tiritar del terror de la imagen que tenía ante mis ojos, pero la escena no acabó ahí… Miré hacia afuera de nuevo, el sol parecía que ya estaba

comenzando a salir, más aun así estaba muy oscuro. A lo lejos, percibí una nube extraña, era negra, pero a la vez rojiza. “Más pájaros”, me dije angustiado. Algo parecían cargar en el medio, una especie de caja.

Aquello era semejante a un sueño muy perturbador, no sabía si estaba dormido o despierto y constantemente me daba golpes exasperados esperando despertarme, pero no fue así. Las aves se acercaron y bajaron en picada una tras otra. Llegaron al patio y lo invadieron. Sus asquerosos ojos negros y esas repudiables plumas rojas que brillaban con una intensidad casi satánica, me miraban desde afuera. No sabía qué demonios debía de hacer, pero de repente, un pájaro grande irrumpió una de las ventanas, emitiendo yo, del susto, un alarido ensordecedor. Era enorme y aparte, deforme; cargaba el paquete que antes había observado y lo arrojó sobre la cama.

Me levanté del rincón en donde me hallaba y lo tomé con mano temblorosa. Lo abrí y no pude creer lo que había en el… Era… un hueso. Un frío gélido recorrió mi espalda, ¡qué tan macabro podía llegar a ser aquella escena! Por debajo del hueso, se hallaba un papel, un estúpido papel con una dirección que daba a un cementerio…

El momento, por sí sólo, no tenía ni un ápice de lógica, pero mi posterior acción creo que, dentro de ese instante, cobraba algo de sentido. Tomé un abrigo y abordé mi bicicleta desinflada. Me dispuse hacia el cementerio a toda velocidad, no había ni un alma en la calle, sólo yo, la calle y la oscuridad que me rodeaba a donde sea que mirase temiendo chocar contra algo, más no fue así.

Arribé pronto al lúgubre sitio. Al fondo se desprendía un brillo rojizo que había visto antes, era el pájaro gigantesco de hacía unos minutos. Dejé la bicicleta a un lado y corrí en dirección a la lápida que marcaba. El viento soplaba fuerte, era lo único que podía escuchar, las hojas y ramas creando una orquesta fúnebre, una especie de réquiem…Me arrodillé y limpié un poco la empolvada inscripción de la tumba. Entonces, al ver aquello, palidecí…¡Era en donde descansaba mi padre! Pero el terror se apoderó de mí al leer el letrero de abajo:

“Aquí descansa también I.Blake, único hijo de W. Blake.”

¡YO TAMBIÉN ESTABA MUERTO! ¡Nada! ¡Absolutamente nada tenía sentido! ¡No podía estar muerto! ¡De seguro era sólo un sueño, un muy mal sueño o una broma demasiado pesada! Caí de rodillas ante aquello y me arrastré luego lejos de ahí.

Me levanté y corrí lo más veloz que pude. ¡El ave levantó vuelto y me arrojó un crucifijo negro sobre el cuello que no me pude quitar! ¡Pesaba demasiado! Me devolví a mi casa realmente perturbado por todo lo sucedido. “Es una pesadilla, sólo eso, una pesadilla y NADA MAS! Me decía a mí mismo una y otra vez. Aunque…pensándolo dos veces…por algo mi madre nunca me ponía atención… no me miraba, no me hablaba… ¡No nada!

Cuando entré de nuevo a mi “hogar”, algo me llenó de un extraño alivio, pero de un profundo miedo: Mi madre estaba en el patio regando las flores y tarareaba sin cesar una vieja melodía de vals que había bailado en su matrimonio, me agaché para explicarle lo sucedido y ella, entonces,

Lenta, muy lentamente… me dirigió una sonrisa demacrada, escalofriante mente macabra y dijo:

– “No… soy… tu… madre.” – gruñó el horrible espectro. Me quité aterrado de ahí y levanté la vista buscando una salida, pero al fondo noté algo más siniestro.

¡Observé un cuerpo ahorcado! ¡Era algo de no acabar! Sus pies giraban hacia la derecha: norte, nordeste, este, sudeste, sur, sudsudoeste; después se detuvieron y, al cabo de un par de segundos, giraron, con idéntica calma, hacia la izquierda: sudsudoeste, sur, sudeste, este… Era mi madre…

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The Call (La llamada)

El teléfono suena continuamente en la mesa, haciendo un sonido un tanto molesto el cual nunca logró soportar, me acerco para ver quién es, es mi mejor amiga, Sarah, contestó con emoción.

-Sarah, ¿cómo estás?-

Un silencio me impacienta con cada segundo que pasa.

-¡Ayúdame!, Cody, ¡Ayúdame!- mientras escuchaba su voz romperse mientras grita repetidas veces.

-Sarah, ¿qué te pasa? ¿Qué tienes?, ¿dónde estás?-.

La llamada termina con un grito desgarrador por parte de ella.

Yo me visto con rapidez, y salgo corriendo de mi casa, mientras con mi teléfono llamó a la policía, monto mi bicicleta y me encamino a la casa de Sarah.

Al llegar, bajo de mi bici y corro a su puerta, está abierta, doy un paso, toda la casa está destruida, las paredes con marcas de uñas y hecha pedazos, rastros de sangre que conducen al piso de arriba, todos las fotos y adornos que se encontraban allí, estaban rotos.

Me dirijo a la sala un poco asustado, y veo un cuerpo tendido en el suelo, es una chica, me acerco más a ella, gritos salen de mi boca seguida de lágrimas, su cuerpo está destrozado, con solo verlo, casi siento lo que ella sintió, aunque supongo que es imposible.

Hay un libro en su mano izquierda, no lo puedo ver bien, lo tomo y limpio la sangre que mancha el nombre de este.

Umbras primogenitus (Sombras de los primogénitos), es el nombre de este extraño libro, lo meto en mi mochila mientras, me seco las lágrimas.

-Tanto que te quería decir- digo entre dientes.

Hago un intento por no llorar, pero es inútil. Grito lo más duro que puedo para llamar la atención de los vecinos en vano, ya que ninguno acude a mi llamado.

Decido salir de este lugar de pesadillas.

Al llegar a mi casa, me acuesto, y trato de conciliar el sueño, pero un recuerdo me inunda la cabeza.

-El libro- digo en voz baja.

Agarro mi mochila y cojo el libro.

Aunque me de miedo, trataré de leerlo, pero solo con su nombre, me hace temblar y

desconcierta todo en mi cabeza.

Comienzo a leer la primera página.

Las palabras estampadas en este pedazo de hoja, se hacen muy perturbadoras, hasta un punto de hacerse aditivas y hacer tus huesos temblar, pero te quedas con una sensación de más y más.

Extrañas sombras me rodean, tratando de ahorcarme cada vez que me duermo, pero al abrir los ojos se desaparecen como si de luces se tratase, las cuales al apagarse, no queda rastro alguno de ello, pero sabes que están allí, siempre queda una de estas sombras, escondida en mi armario, vigilándome, para esperar que me logre dormir, para estrangularme y llevarme a los rincones más recónditos de la oscuridad, y transformarme en uno de ellos.

Eso dice el libro, pero hay diferentes capítulos con incomparables historias, la más extraña es una llamada: Penumbras en mi cabeza.

Mis ojos no podían soportar tales historias, en las cuales todas terminan de una manera aterradora.

Bajo el libro de mis ojos.

Y me quedo observando el oscuro pasillo.

Empieza a llover.

Cae un relámpago.

La luz que suelta este me deja no perder de vista la silueta de una mujer, la cual por cada relámpago que cae, se acerca más a mí, yo corro y cierro la puerta, pero al caer el último de estos, la mujer se encontraba en mi cama, llorando.

Susurraba

-¿Por qué no me ayudaste?-.

-¿Sarah?-.

-¿Por qué no me ayudaste?-.

-No pude hacer nada-.

-¡Por qué no me ayudaste!- grita saltando hacia mí.

Comienzo a gritar, mientras siento su cuerpo comienza a desgarrar mi pecho, no puedo hacer nada.

Ella dice:

-No nos volveremos a separar-.

La luz comienza a tintinear y se apaga.

Ojos salen de todos lados, observando.

Una macabra sonrisa sale de mi armario, mientras comienza a reír descontroladamente.

Mis ojos se dilatan mientras veo esta sonrisa de esquina a esquina.

La luz se enciende.

-¿Qué he hecho?-.

Ahora, no hay una noche que no vea a estas apariciones, cada vez más cerca de mí.

Las veo, comienzo a reír y a decir:

-No estoy solo, no, no, no lo estoy-.

Cada día las veo, pero no, no, ellas son mis amigas, mis amigas, la sonrisa, siempre resaltante, en mi armario, apareciendo, y desapareciendo, ¡jajaja!, pero no, no, ellas son mis amigas.

Salgo, ese lugar en el cual no podía respirar, y mi cuerpo se volvía denso, me encamino a allí, Ese lugar donde todo comenzó, donde poder desahogarme, este deseo insaciable, no aguanto más.

Ya estoy en la casa, digo, chicos ya estoy en la casa.

Su voz sutil llamándome, preguntado si soy yo, mientras yo respondo:

-Sarah-.

Creepypasta

El túnel de las voces

Era una tarde muy fría y lluviosa, como casi todas las tardes de invierno, en aquella región fría y montañosa del norte de Europa. Así que, para matar el tiempo, un grupo de amigos reunidos en la única cafetería de aquel diminuto pueblo conversaban sobre una historia muy extraña, una conocida leyenda que, como pasa con casi todas las leyendas, casi todo el mundo asegura que no se las cree, pero en el fondo…

—¿Sabéis la última del túnel de la verdad? —preguntó Marcos, un joven alto y delgado, mientras tomaba un sorbo de una enorme jarra de cerveza.

—Siempre estáis igual. Esa historia es totalmente falsa —dijo Arnau, un chico bien parecido y de aspecto muy serio y formal, que en una semana se iba a casar con Nuria, la chica más bonita y adinerada de la región.

—Deja que se explique. ¡Suena interesante! —añadió Pedro, un chico con barbita y aspecto simpático.

Marcos se acercó a sus interlocutores y, hablando en voz baja y tono misterioso, explicó lo siguiente:

—Conocéis a Juan, el chico que juega de portero en el equipo regional. Pues resulta que ha roto con su novia de toda la vida.

—¡Qué dices! Pero si estaba muy enamorados.

—Sí, pero tuvieron la mala idea de pasar con el coche por el túnel de las voces y estas hablaron más de la cuenta. Dijeron que la chica le engañaba con el mejor amigo de Juan.

—¿Y era verdad? —preguntó Pedro.

—Claro que sí. Las voces nunca mienten.

El túnel de las voces era un puente oscuro y de aspecto siniestro que se encontraba en una antigua carretera secundaria, mal iluminada y pésimamente asfaltada, que rodeaba el pueblo. Circular por ahí era peligroso y, como hacía unos cuantos años habían construido una carretera nueva, por la secundaria apenas se veían vehículos.

El hecho es que se había hecho popular una historia que aseguraba que si se pasaba por el túnel de noche, se sentían unas voces que siempre decían la verdad. Según la leyenda, muchas parejas de novios y matrimonios habían roto porque las voces habían dicho cosas indiscretas y desvelado inconfesables secretos.

—Arnau, ¿confías en tu futura esposa? —preguntó Pedro.

—Claro, totalmente. Nuria no tiene secretos para mí. Por eso nos vamos a casar en menos de dos semanas.

—Entonces, por qué no atraviesas el túnel de las voces.

—No me hace ninguna falta. Confío ciegamente en ella. Además, yo no creo en esas cosas.

—Claro, claro. El pobre Juan también confiaba en su ex novia —añadió Marcos.

Al día siguiente, Arnau estuvo todo el día pensando en lo que le habían explicado sus amigos. Pese a su incredulidad en este tipo de historias, no se la podía quitar de la cabeza. Por eso, cuando por la noche fue a buscar a su prometida para ir a cenar, decidió pasar por la carretera secundaria.

—¿Por qué vamos por aquí? No me gusta esta carretera. Supongo que no querrás pasar por el túnel de las voces —preguntó la chica.

—Pues la verdad es que sí.

—¿Pero por qué? Acaso no confías en mí. Además, si tú no crees en esas cosas. —dijo Nuria algo enfadada.

—Ya, pero no sé… Mis amigos me han explicado una cosa de Juan y..

-Vale, pues vamos. Pero que sepas que yo no tengo ningún secreto para ti —dijo Nuria con total seguridad.

Los dos enamorados se dirigieron al túnel y, de pronto, comenzó a llover intensamente. Arnau detuvo el vehículo justo a la entrada del misterioso túnel.

—Mira, he cambiado de opinión. No es buena idea. Mejor que demos media vuelta. Está lloviendo y esta carretera es peligrosa.

—No. Ahora la que quiere pasar soy yo. Pero si me prometes que siempre confiarás en mí.

—De acuerdo. Te lo prometo —dijo el chico mientras ponía el coche nuevamente en marcha.

—El vehículo circuló, muy lentamente, por el interior del túnel. Al principio no se oía nada, pero cuando estaba aproximadamente por la mitad, se comenzaron a sentir unas voces fantasmagóricas e inquietantes:

—No habrá boda, no habrá boda… —La frase se sentía una y otra vez.

Cuando salieron del túnel, Nuria y Arnau estaban totalmente desconcertados.

—¿No habrá boda? ¿Pero por qué? ¿Cómo es posible? —preguntó la muchacha.

—No lo sé. No entiendo nada —dijo Arnau muy nervioso.

El chico no era capaz de pensar con claridad. Se imaginó muchos motivos para que no se celebrara la boda: que su novia ya no le quería, que le era infiel…

Entonces, Arnau perdió totalmente la concentración y cogió una curva a mucha velocidad. El mal estado de la carretera y la lluvia hicieron el resto: el coche se salió de la vía. El accidente fue terrible y Nuria murió al instante.

El destino quiso que Arnau sobreviviese, aunque jamás volvió a ser el mismo. El sentimiento de culpabilidad le atormentaba noche y día y se volvió medio loco. No había un instante en que no recordase el maldito túnel y sintiese dentro de su cabeza aquellas voces de ultratumba. Unas voces que, por desgracia, siempre decían la verdad: «no habrá boda», «no habrá boda»…

Por Carlos Zuriguel Pérez

Fuente texto: http://topmonsters.es